Suerte
Nos enfocamos en la suerte de los
demás mientras nos perdemos todo lo que tenemos para nosotros. Y quizás
tengamos más suerte nosotros por el hecho de que nos está pasando a nosotros y
no a ellos.
Solíamos mirar al resto y decir
como niños caprichosos “yo quiero eso”, “yo también quiero que me pase esto”, “yo
quiero un novio/a así” e íbamos haciendo una wishlist con todo lo que alguien debía
reunir para ser ideal. Esa palabra
tan fea pero tan fácil de anhelar. Seguían los puntos sumándose al carrito de
la compra y nos íbamos conformando quitando ítems poco a poco, eliminando
algunos y obviando otros.
Todo aquello que deseábamos era
más fácil de tener o encontrar, sólo requería tiempo, como todo lo bueno en
esta vida: que las frutas maduren, los vinos añejen, los pasteles crezcan y se
pongan esponjosos, un vuelo hacia ese lugar que tanto deseas conocer. Ese tiempo
en el que nos equivocamos y volvimos a creer en nosotros mismos, en el que
aprendimos a vaciarnos para que el re-fill fuera gratis, todas las veces que
quieras, ahora. Porque así me siento, llena, completa y con la capacidad de
vaciarme por completo porqué sé que estarás ahí para ayudarme a llenarlo, no para llenarlo tú.
Esto no funciona así y qué bien
que puedo verlo. Ha costado un poquito pero creo que le voy pillando el truco. Si
te quiere bien, libre, te querrá contener, abrazar, repoblar de besos, secar
tus lágrimas, celebrar tus victorias, compartir tus derrotas, bailar contigo
aunque lo haga mal solo por verte reír, te hará salir a la calle a que te dé el
sol aunque no crucéis palabras solo para que sentir todos los motivos que hay
para ser feliz, te sostendrá la cabeza si vomitas y te hará manzanillas para que tu barriga esté contenta.
Crecer. Eso creo que es lo que
estamos haciendo, y mira que me irían bien unos centímetros más pero lo estoy
haciendo por dentro. Se me ensancha el pecho al suspirar por lo bonito que es
todo, aun lo malo, y me siento desnuda de cuerpo y alma. No sólo cuando me
desvisto en el ascensor para darte una sorpresa.
Siendo capaz de hacerte reír y de
reírme de mi misma, de mirarte con amor mientras hablas de todo aquello que te
gusta, lo que te hace feliz y no tiene que ver conmigo. Quiero eso, crecer, día
a día, de tu mano, deditos entrelazados como digo siempre. A veces, agarrado a
mi cintura, otras acariciándome el pelo. Sabiendo que nos podemos soltar
siempre que queramos, porque no aprieta, siempre está tendida para ti, para mí,
para quererte y parar querernos.
Comentarios
Publicar un comentario